viernes, 11 de marzo de 2011

Encantamiento 23 (Solo para quienes quieran leerlo): una charla no muy amena.

Bueno, estaba vivo; me dije. Pero aun así el cansancio era más fuerte que mi posible alegría.
La habitación 109 estaba en el área Norte y era necesario atravesar muchos pasillos hasta llegar. Muchas puertas estaban numeradas como en los hoteles; debían tener esa misma función.
Me di cuenta en seguida que al contrario que las demás, ésta se cerraba por fuera. No me quejé, no esperaba que me trataran como un rey, precisamente.
Encerrado allí dentro solo podía mirar fijamente cada una de las cuatro esquinas. La habitación era algo pequeña, de forma cuadrada y tan uniforme que me sentía como encerrado en un cubo, con las únicas aberturas de una puerta y una ventana rejada, justo enfrente. No había decoración de ningún tipo a no ser que contáramos la presencia de la moqueta gris. Una cama y un armario empotrado pero sin puertas.
Era deprimente, perfecta con mi estado de ánimo.

Me senté en la cama y miré las manchas extrañas del techo buscándoles parecido con personajes (encontré a Lukas Silver –de “La asquerosa vida de Rose Darling”-, aunque si mirabas desde otro ángulo parecía una patata con alas; a Yary Speit bailando claqué; a Voldemort con tutú…). Era incómoda.
Me pregunté si aquella sería mi habitación mientras estuviera allí y cuánto duraría la propia estancia con los Guardianes.
El futuro estaba muy gris. Me vendría muy bien tener por aquí a esa adivina.
Pasaron treinta y tres minutos desde que me metieron aquí, según pude contrastar por la luz que entraba por la ventana. Al menos era mejor que la celda.
La falta de sueño empezaba a hacerse presente, pero no podía pegar ojo. Mis problemas de insomnio no eran nada nuevo en mi vida, así que hice lo que siempre hago: permanecer tumbado sobre la cama en la posición más cómoda que encontraba con los ojos cerrados y pensar en mis cosas.
Aun así no tuve fuerzas  suficientes como para volver a pensar en “eso”. Posiblemente tendría que ver con el periodo de dos años que pasé fuera del orfanato y todo aquel era un tema demasiado espinoso.
La puerta se abrió y Albert entró en la habitación, sentí su presencia sin necesidad de girarme para verlo. Fue por esa aura por la que siempre sospeché de que no era humano. Quizá debería haberle preguntado alguna vez en lugar de ignorarlo como si no tuviera importancia. No sé, ahora sé que fue inapropiado por mi parte actuar así. 
No quise mirarlo, el odio no me lo permitía. Si le miraba sabía que tan solo lograría que la ira volviera a prender, que todo ese resentimiento me dominara y no sería capaz de controlar mis actos. En definitiva: tan solo lograría empeorar las cosas.
Cerró la puerta detrás de él. Cruzó los brazos sobre su musculoso pecho y empezó a mirar las bolitas de la moqueta. ¿A qué esperaba? Yo no iba a iniciar una conversación con él ni de casualidad y lo sabía. Durante todos estos años siempre fue así: yo me callaba intentando ignorarle y él intentaba hablar conmigo cuando desearía poder ignorarme.
-Hace mucho que no te veo –habló por fin. Su voz siempre era tan profunda y vacía, era extraña la forma en que calaba dentro de tu cabeza. Querías obedecerla sin saber por qué, incluso aunque jamás mostrará un ápice de sentimiento. En realidad nada en él mostraba sus emociones; de nuevo, creo que eso lo heredé de él.
No contesté. En realidad solo hace un par de minutos que hemos estado juntos.
-No vas a responderme –es que no has hecho ninguna pregunta. Permaneció un instante en silencio-. Has crecido mucho –casi lo decía como un chiste.
El guión entre nosotros siempre era el mismo. Intentaba hablarme y como yo no decía nada siempre comentaba que “has crecido mucho”. Siempre la misma frase, siempre el mismo tono. Quizá unas palabras tan inofensivas  no me harían odiarle tantísimo sino cobraran otro sentido cuando las decía él. ¡Claro que siempre que me veía estaba más alto, lo más lógico es que de un año para otro que me visitaba yo creciera! Lo odiaba tanto por eso mismo: que dejara que pasaran tantísimos meses entre visita y visita, periodos muy largos para cualquiera en los que ni se molestaba en escribirme.
Siempre me entraban ganas de reír cuando soltaba la frase de “has crecido”, lo raro habría sido que no creciera. ¿Acaso esperaba que cada vez que él desapareciera mi vida quedara en pausa hasta su vuelta? Pues no era así, se siente, pero él no tenía más merito en mi existencia que el de cultivar mi odio. Sé existir sin él. (Que nadie saqué el tema de que gracias a él fui concebido porque ya lo sé)
Mis pensamientos siempre destilaban un gran odio si él andaba cerca. Tenía que controlarme o acabaría envenenándome con ellos.
Suspiró. Creó que no soportaba estos encuentros porque yo nunca se lo ponía fácil. Que se joda como todos.
Siguió con su monologo: -Creía que estabas muerto.
Tenía que decirlo…
Hacía unos cuatro años o así, cuando yo cumplí catorce, huí de ese orfanato dónde me tenían retenido, ya os lo dije, mis queridos lectores. Pero mi huida fue algo más accidentada de lo previsto: el orfanato se incendió. Yo casi quedé atrapado en las llamas, pero logré escapar antes de que la caldera de gas hiciera estallar el edificio por los aires; nadie más, ninguno de los demás habitantes del centro tuvo esa suerte.
Los muertos se contaron por decenas, estaban irreconocibles. No esperaban supervivientes así que cuando no me encontraron, supusieron que estaba entre aquellos muertos. Como es evidente, a Albert, mi padre biológico, le comunicaron la trágica noticia. Me pregunto si se alegro de haberse quitado tal obligación: yo.
Pero a lo que a mí respecta aquello fue una increíble suerte, como pensaban que estaba muerto nadie me buscaba y yo podía empezar una vida desde cero, sin el miedo a que me hicieran volver a ese antro.
Fue la primera vez en que creí saborear la libertad.
Me erguí un poco sobre la cama.
-En realidad sí que he muerto, pero ahora me aparezco en espíritu para darte un mensaje desde el más allá: “morirás dentro de siete días. Salva a la animadora, salva al mundo.”
Se me quedó mirando muy seriamente, aunque todo en él se hace muy seriamente.
Al cabo de un rato llego a la conclusión: -No es verdad.
-¿Quién sabe? –dije encogiéndome de hombros bastante molesto. Una de tantas cosas que no me gustaban de él era su nulo sentido del humor.
-No lo es –suspiró de nuevo y zanjó el tema por completo.
Y aquí llegaba el momento después de mi intento de chiste hundido en el que iniciábamos una conversación forzada o al menos lo intentábamos:
-¿Vas a decirme qué es lo que paso?
-¿Qué más te da? Sigo aquí, así que debería bastarte –debería, pero seguro que solo quieres morirte o que me maten para no tener que volver a soportar la carga de un hijo ilegitimo. Desearías que siguiera muerto como tú creías, ¿verdad?; quería espetarle pero no sentí las fuerzas como para hacer que esas palabras salieran de mis labios. Hay cosas a las que prefieres no obtener respuesta, aunque ya la sepas.
Esperó un buen rato para contestar, como si formar las palabras le costará un gran esfuerzo. Aunque también se estaba asegurando de que nadie pudiera escucharlas, era evidente.

-Eres mi hijo; me importa –escupió las palabras. No eran sentidas, lo notaba. La ira volvió a amenazar con explotar. No quería mirarle. Cansino. ¿Por qué me seguía haciendo esto incluso ahora?- No sabía que eras… así, no me lo habías dicho.
Tú tampoco me dijiste que eras un Guardián (aunque yo sí lo había intuido). Como yo era una mezcla tan rara a algunos les costaba detectarme (no entro en los parámetros normales).
-¿Qué vais a hacer conmigo?
-Serás tratado como… a uno más –ja, sí, claro y yo me lo creo-. Siempre que tú respetes nuestras leyes y trabajes con nosotros – ¿“con” o “para” vosotros?-. Hemos tenido muy en cuenta tu… comportamiento reciente con nosotros.
Lo cierto es que había logrado un buen repertorio de buenas acciones en poco tiempo (normalmente es al contrario).
Volví a mirar las formas del techo. Ahora me parecía un pulpo zombie gigante.
-Me gustaría quedarme –y lo decía en serio, fuera solo había enemigos y cazarrecompesas que querían el precio por mi cabeza. Me gustase o no, los necesitaba para mi plan.
Albert pareció sorprendido por primera vez desde que había llegado allí. –Ah.
Esto es muy aburrido…
-Nunca me hablaste de tu hijo. Tienes más, ¿no? No hace falta que lo respondas –sonó más educado de lo que era. En realidad no quería saberlo, había preguntado por preguntar.
-Sí… cuatro. El mayor murió, a Robert ya lo conoces, es el segundo; el tercero está en otro país y el pequeño aquí, se llama Gigi, lo salvaste -¿El Canijo Llorón es también mi hermanastro? No me sentía especialmente sorprendido.
-¿Y tu esposa? –otra pregunta que no sé por qué hago.
-También está aquí. –Se quedó en silencio mirando el suelo, luego alzó la cabeza para fijarse en mí. Ciertamente tenía el mismo tono de iris que el-que-se-hace-el-héroe, dorado tirando a amarillo - Y… ¿tienes novia o… novio? –negué con la cabeza. Las relaciones no se me daban bien-. ¿Hijos?
-Soy estéril –le corté. Todos los híbridos lo eran, debería saberlo. Lo mismo pasa con los adivinos o los Convertidos, ahora que lo pienso aunque no venga a cuento. Por mucho que lo intente, no conseguiría hijos si no es adoptando. Y, sinceramente, no tengo ninguna necesidad de buscarme ese tipo de problemas. Supongo que por eso los híbridos estamos tan mal vistos, no ayudamos en nada perpetuar la especie, somos un lastre-. ¿Y tú tienes alguna amante? –le pregunté con tono inocente pero deseando con todas mis fuerzas hacer daño. Mi madre era su amante, ¿por qué no habría de buscarse una nueva?
-No… -fue a decir algo más, pero no lo hizo. 

2 comentarios:

  1. Enserio no preguntes pero me salio una carcajada al leer "soy esteril" JAJAJAJA
    Y otra cosa... PORFA PLEASEEE PORFA PLEASEEEE Haz un dibujo de Alec de pequeño y con ropa de pobre porfaaaaa *___* Mira esque al leer su escapada y eso me lo imagine con un gorro (una de esas que se parecen a una boina) de color marro oscuro, una chaqueta rota y desgastada de color verde y dentro una camisa de color azul, pantalones rotos; zapatos desgastados y de diferentes pares y con una linda bufanda marron que le tapaba la boca y media nariz... AISSSS JAJAJ Es que me lo imagine tan monoso que lo quiero ver *__________*

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    1. QUÉ CRUEL! (habló...)
      Lo intenaré, a ver que sale, prometido

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